Almacenar liquidez en una cuenta bancaria puede considerarse una elección absolutamente segura. Es una elección que blinda el dinero de uno frente a posibles pérdidas de capital (por ejemplo, debidas a las fluctuaciones del valor de los títulos), o que garantiza una reserva de liquidez siempre disponible. Sin embargo, quienes dejan que su capital se deposite íntegramente en su cuenta bancaria no suelen tener en cuenta ciertos riesgos específicos y concretos.
- La inflación. El riesgo número uno en este caso es la inflación, que erosiona el poder adquisitivo. Una tasa de inflación del 3% anual significa que un activo de 100.000 euros pierde poder adquisitivo hasta en 3.000 euros en doce meses; en otras palabras, el valor real (es decir, neto de inflación) de ese activo ha caído hasta los 97.000 euros. En resumen, incluso no invertir constituye un riesgo.
- Incumplimiento de los objetivos de inversión. Un riesgo estrechamente relacionado con lo escrito hasta ahora es el de dejar los ahorros en instrumentos que no devengan intereses y que, aunque protegen contra el riesgo de volatilidad, no protegen contra el riesgo de no alcanzar los objetivos de inversión (por ejemplo, disponer de dinero suficiente para garantizar el mismo nivel de vida en la jubilación, o para realizar una compra importante).
- Protección sólo por debajo de un determinado umbral. Aunque se trata de un riesgo que sólo afecta a determinadas categorías de ahorradores, no hay que olvidar que, en España, en caso de insolvencia de la entidad de crédito, si ésta es miembro del Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, existe protección para las cuentas bancarias hasta el umbral de depósito de 100 mil euros.
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