ETF, la tecnología que ha revolucionado la industria de fondos

ETF

Escrito por MoneyController el 13.09.2021

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La innovación más revolucionaria de la industria financiera de los últimos 50 años son los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés). Este instrumento adopta características de los fondos de inversión convencionales y de las acciones. Del mismo modo que los fondos, los ETF consienten invertir en una cartera que incluye decenas de acciones, bonos o derivados. Pero, mientras que los primeros precisan un par de días para ejecutar las órdenes de compra y venta, los ETF se negocian en mercados abiertos, como las acciones, lo que les permite ser más líquidos y transparentes.

La historia de los ETF, como la de muchos avances tecnológicos, tiene mucho que ver con la investigación básica. Durante la década de los sesenta, el profesor de la Universidad de Chicago Eugene F. Fama se centró en la hipótesis de los mercados eficientes. Esta teoría suponía que en un mercado de acciones que funciona bien, el precio de cotización es muy cercano al precio intrínseco. La conclusión práctica de este teorema es que no tiene mucho sentido pagar mucho dinero a gestores de inversiones para que se dediquen a comprar o vender títulos al mejor precio. Mientras Fama seguía investigando (llegaría a ganar el Premio Nobel de Economía en 2013), uno de sus discípulos decidió ponerlo en práctica.

La inversión indexada permitía entrar en los mercados bursátiles con comisiones mucho más bajas (no hay que pagar gestores ni analistas). El tiempo acabó demostrando que, además, la indexación permitía conseguir mejor rentabilidad que la mayoría de los fondos de inversión convencionales.

Es difícil explicar el colosal éxito de los fondos indexados sin referirse a John Bogle. Este financiero fundó en 1976 la gestora Vanguard, especializada solo en fondos indexados, siguiendo los consejos de otro premio Nobel, Paul Samuelson, y creó el primer fondo indexado abierto a todos los públicos. Su primer vehículo, que también replicaba el índice S&P 500, tiene ahora un patrimonio de más de 250.000 millones de dólares.

Fue en 1993 cuando los fondos indexados encontraron el vehículo perfecto, los ETF. La firma State Street Global Investors creó el S&P 500 Trust ETF, el primer fondo cotizado masivo, que se podía comprar y vender en la Bolsa de Nueva York. Este vehículo sigue siendo el mayor del mundo y roza los 400.000 millones de dólares.

¿Cómo es posible que los ETF, que se dedican solo a replicar índices, logren mejores rentabilidades que gestoras que cuentan con potentes equipos de inversión y análisis? La clave está en la citada teoría de la eficiencia de los mercados, y en los bajos costes. De nada vale andar comprando y vendiendo acciones sin ton ni son, si esos títulos tienen un precio justo en el mercado. En los mercados más eficientes, como el de Estados Unidos, las evidencias son palmarias.

De acuerdo con un análisis realizado por la firma Standard & Poor’s, en los últimos cinco años, el 75% de los fondos de inversión de Bolsa estadounidense ha tenido peor rentabilidad que su índice de referencia. Salvo contadas excepciones, contratar un ETF o un fondo indexado, con costes ultrabajos, es más eficiente.

La última innovación de la industria de ETF es crear productos de gestión activa. Es decir, fondos cotizados que no replican un índice, sino que tienen detrás a un gestor que se dedica a comprar y vender activos. El paradigma de esta modalidad es Ark Innovation, la gestora de fondos fundada en 2014 por Catherine Woods y que ha llegado a superar los 60.000 millones de dólares de patrimonio invirtiendo en compañías disruptivas.

Los ETF ya se usan tanto por pequeños clientes particulares como por grandes gestores de fondos y de patrimonios. Estos vehículos les permiten tomar posiciones tácticas y estratégicas en un determinado mercado (China, Latinoamérica o los países nórdicos) o estrategia (compañías de pequeña capitalización), sin necesidad de dedicar mucho esfuerzo en detectar los mejores activos o el fondo más conveniente.

En España, los ETF siguen siendo un terreno para inversores mayoristas debido a la regulación fiscal. Hacienda permite que los traspasos de dinero de un fondo a otro no paguen ningún tipo de peaje fiscal por las plusvalías generadas, algo que sí que ocurre con los ETF, que se asimilan a las acciones. Hace tres años parecía que esa normativa iba a cambiar, equiparando los fondos cotizados al resto, pero al final se ha mantenido la discriminación.

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