Invertir: el miedo a perder dinero puede ser un riesgo
Finanzas conductuales
Escrito por MoneyController el 30.11.2022
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Es normal tener miedo de perder todo o parte de las inversiones o los ahorros. Sin embargo, este miedo no siempre nos hace tomar las mejores decisiones en el ámbito financiero: al contrario, en ciertos casos, como explican las finanzas conductuales, esta emoción puede resultar un riesgo para el rendimiento de las inversiones. Greg Iacurci también escribe sobre esto en un artículo aparecido en 'CNBC', del que recogemos algunas consideraciones.
Las emociones humanas se formaron en la antigüedad, en condiciones muy diferentes a las que vivimos hoy en día. Por eso, esas mismas emociones que salvaron a muchos de nuestros antepasados de animales feroces u otras amenazas no siempre resultan adecuadas para afrontar ciertas situaciones complejas. A este respecto, Iacurci informa sobre algunas observaciones realizadas por Dan Egan, vicepresidente de inversiones y finanzas comportamentales de la empresa de inversión Betterment. Egan señala que los seres humanos evolucionaron para hacer frente a las amenazas naturales, no para vivir en los mercados financieros.
Se calcula que la intensidad de una emoción provocada por una pérdida es el doble que la de una emoción provocada por una ganancia. Como ha demostrado el premio Nobel Daniel Kahneman, sólo hace falta un pequeño experimento para darse cuenta de ello: la mayoría de los participantes en el experimento aceptan que pueden perder diez dólares lanzando una moneda, sólo si esta apuesta predice una ganancia de 20 dólares. Esta aversión a la pérdida se convierte, cuando tenemos que decidir, en una auténtica distorsión cognitiva, en el llamado sesgo.
Pero, ¿cómo se manifiesta este sesgo (aversión a las pérdidas) en las elecciones de inversión de los ahorradores? Egan habla de estrategias de inversión demasiado conservadoras. Estas estrategias suelen evitar las pérdidas a corto plazo, pero a veces resultan ineficaces para alcanzar ciertos objetivos de inversión o para compensar la pérdida de valor del dinero causada por la inflación a largo plazo. En el artículo de Iacurci, Egan da otros ejemplos de los errores causados por este sesgo: estos van desde posponer las inversiones a momentos más seguros en los mercados -pero perdiendo las oportunidades de inversión relacionadas con los precios- hasta las ventas de quienes ven sus inversiones afectadas por correcciones del mercado a la baja -pero perdiendo la oportunidad de aprovechar las recuperaciones del mercado-.
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