Bajo el ala del dinero fácil: cuando Estados Unidos tose y el planeta entra en cuidados intensivos
Mercados financieros / economía
Escrito por José Manuel Marín Cebrian el 05.11.2025
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Parece que hemos vuelto a ese conocido parque temático llamado Euforia Global, donde el dinero barato corre por las venas del sistema financiero como si las lecciones de la pasada década hubieran sido solo una pesadilla inducida por gráficos y backtests. Vivimos en el reino del exceso de liquidez, arropados por la manta del FOMO —Fear of Missing Out, o miedo a ser el tonto que no participó en la fiesta—, mientras la TINA —There Is No Alternative— se ha convertido en la DJ residente que nos convence de que, a falta de alternativas sensatas, la música seguirá sonando eternamente.
Sin embargo, la historia económica tiene un humor negro muy particular: cuando Estados Unidos estornuda, el mundo no solo se resfría… a veces acaba en la UCI financiera.
Los mercados siguen creyendo fervientemente en su trinidad sagrada para justificar valoraciones estratosféricas:
a) Resultados empresariales de manual (si las Big Tech baten expectativas por dos centésimas, mejor aún).
b) Bajadas de tipos en 2026 por parte de la FED —porque planificar el largo plazo es cuestión de fe, no de datos macro.
c) Paz arancelaria entre EE. UU. y China, ese acuerdo tácito en el que ambos gigantes sonríen mientras afilan sus espadas industriales por debajo de la mesa.
Todo ello impulsa los índices a máximos históricos y alimenta un optimismo que recuerda ligeramente a ese verano de 2023. Sí, ese donde la “magnífica concentración” tecnológica tocó el cielo… justo antes de que los inversores descubrieran que los árboles no crecen hasta el infinito, especialmente si esos árboles son acciones cotizadas a PER digno de ciencia ficción.
Porque, aunque nos encanta fingir que nada puede salir mal, la lista de señales rojas ya parece un panel de control soviético:
1.- Concentración excesiva en tecnológicas (otra vez).
2.- Sobrevaloración evidente —pero tranquilos, “esta vez es distinto”.
3.- Debilidad del empleo en EE. UU., ese indicador que dejamos de mirar cuando deja de gustarnos.
4.- Dólar titubeante, con los mercados fingiendo que no importa porque “hay liquidez de sobra”.
5.- Administración Trump con rigor presupuestario estilo fiestas privadas de millonarios en Miami: ilimitado y sin mañana.
6.- Una Reserva Federal que pronto podría ser más un brazo político que una institución independiente. Nada genera más confianza en los mercados que una política monetaria a golpe de tuit presidencial, ¿verdad?
Y por si la realidad necesitara un toque narrativo, ya tenemos el primer aviso: Meta y Microsoft se han deslizado hacia abajo tras anunciar que invertirán mucho más en inteligencia artificial de lo previsto. Resulta que la revolución tecnológica cuesta dinero real, no solo slides de PowerPoint y discursos en Davos.
En resumen: disfrutemos del exceso de liquidez, del optimismo sin sustancia y de los discursos triunfalistas sobre la “nueva era tecnológica”. Pero mantengamos el paraguas cerca. Porque si algo nos enseña la historia reciente es que cuando Wall Street empieza a sudar frío, el resto del planeta se prepara para otra ducha helada. Y esta vez, puede que ni la FED —o lo que quede de ella— pueda repartir suficientes toallas calientes.
Un saludo desde Sherwood.
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